lunes, 13 de marzo de 2017

"El asesinato de Roger Ackroyd", de Agatha Christie.

Era un poco reticente a la hora de participar en la #YincanaCriminal2017, y la verdad es que estoy disfrutando con la experiencia. Si es cierto que ya tengo leídos un par de títulos totalmente novedosos, publicados en este mismo 2017, cuya reseña deberé afrontar en su momento, cuando pensé en esta experiencia me vino a la cabeza afrontar o retomar la lectura de títulos algo más antiguos, que se habían quedado pendientes en mi estantería; esta yincana sería una buena excusa para acabar con algunos pendientes, y qué decir tiene que en mi caso particular los pendientes en novela negra nunca se terminan, porque es lo que más suelo adquirir, pero no me arrepiento.

Tomando en cuenta esta premisa, a la hora de afrontar una novela policíaca cuya acción transcurriera en un ambiente rural, con la que poder participar en la reseña de la tercera semana, he echado mano de todo un clásico, un título de una autora que ya ha aparecido en el blog y que me acompañó durante mi etapa de lectora adolescente. Creo que ya he comentado en alguna ocasión en la blogosfera que empecé a leer a Agatha Christie después de devorar los libros de Enid Blyton, y que fue la escritora que me acercó al mundo de la novela de intriga, y eso que agradezco. Tomando como premisa la definición más o menos acertada de novela policíaca, en la que el crimen, la investigación y la intriga son los elementos principales, sin tener en cuenta la posible crítica social, y teniendo en cuenta que muchas de las novelas de esta autora se desarrollan en pequeños pueblos donde los habitantes tienen mucho que ocultar, me he decidido a retomar la lectura de "El asesinato de Roger Ackroyd", de Agatha Christie, para completar la casilla "La acción transcurre en un ambiente rural". Estamos ante una novela policíaca, por tanto, con su correspondiente crimen, pero debido a que se desarrolla en un pequeño pueblo inglés, el título viene que ni pintado para la casilla de ambiente rural.

Sin más, vamos con los datos técnicos del libro:

Título: El asesinato de Roger Ackroyd
Título original: The murder of Roger Ackroyd
Autora: Agatha Christie
Traducción: G. Bernard de Ferrer
Editorial: Santillana Ediciones Generales, S.L.
Formato: Rústica
Colección: El País. Serie Negra.
Edición: Junio, 2004
256 páginas

"El asesinato de Roger Ackroyd" fue publicado originariamente en 1926, y fue la obra que lanzó a su autora a la fama.

Sinopsis: Roger Ackroyd, viudo y terrateniente, aparece con una daga tunecina clavada en la espalda. Es la tercera muerte sospechosa en poco más de un año. En King's Abbot se respira inquietud y sospecha. Por suerte, el nuevo vecino -un apacible jubilado de origen belga y espectacular bigote- abandona el relajante cultivo de calabacines  para resolver el caso. 


Impresiones sobre el libro

Tras una breve "Nota de la autora" en la que justifica su libro y un poco su desconcierto ante la adaptación del mismo a la escena, bajo el título de "Coartada", se presentan los "dramatis personae", como suele ser corriente en todas las obras de esta escritora, puesto que, a pesar de ser novelas no demasiado extensas, son muchos los personajes, principales y secundarios, que pululan por las historias, y normalmente todos ellos, o bien tienen algo que ocultar, o bien ofrecen algún pequeño detalle que puede servir como pista al lector más avezado, o más bien al contrario, consiguen que éste se descentre del todo.
Son veintisiete capítulos los que conforman la trama, lo que da una ligera idea de la reducida extensión de los mismos, aunque en mi opinión suficiente para dar las pinceladas de una historia que poco a poco se va desarrollando, complicándose a medida que se avanza en la lectura y que queda culminada por un sorprendente final (no se recomienda leer las tres últimas páginas, a no ser que queramos chafarnos la historia a nosotros mismos).
Será el doctor James Sheppard el encargado de acercarnos la trama y ya en las primeras líneas se nos habla de la muerte de Mistress Ferrars la noche del 16 al 17 de septiembre en extrañas circunstancias, al parecer por una ingesta excesiva de veronal. La muerte de esta viuda rica pone al descubierto los secretos que se esconden en un pequeño pueblo donde "la principal diversión consiste en hacer largos comentarios sobre las menores incidencias de la vida ajena".
"El pueblo de King's Abbot es similar a cualquier otro pueblo. La ciudad más cercana es Cranchester, situada a unos quince kilómetros de distancia. Tenemos una importante estación de ferrocarril, una oficina de Correos y dos comercios rivales donde venden de todo. Los hombres acostumbran a dejar la localidad en su juventud; pero es rico en solterones y oficiales retirados. La principal diversión consiste en hacer largos comentarios sobre las menores incidencias de la vida ajena." (pág. 20)
King's Paddock y Fernly Park son las dos casas de alguna importancia en el pueblo, y los propietarios respectivos, la viuda fallecida y el empresario Roger Ackroyd, verdadera alma del pueblo, mantenían algo más que una amistad. El repaso que el doctor Sheppard hace de los habitantes del pueblo de King's Abbot y de los secretos y cotilleos que atañen tanto a los personajes de más renombre como al resto de vecinos, tanto allegados como servidumbre, acercan al lector  una realidad no tan idílica en la que tienen cabida chantajes, problemas económicos que bien podrían solucionarse con una buena herencia, inversiones fallidas, amores ocultos, deseos de ascender... y en general toda una serie de secretos que acaban con la vida del alma máter del pueblo, lo que trae consigo la entrada en la investigación del detective Hercule Poirot, que se dedicaba en su retiro en el pequeño pueblo al cultivo de calabazas. Roger Ackroyd, que acaba asesinado en el despacho de su casa con una daga tunecina de su propiedad  clavada en su espalda, sí conocía al detective y sabía a qué se dedicaba, pero a petición del propio Poirot éste era uno de los secretos que los habitantes del pueblo más ansiaban conocer, especialmente Caroline, la hermana soltera del doctor, que guarda en su interior alma de detective y a la que gusta estar al corriente de todo lo que ocurre en la zona.
El hecho de que Roger Ackroyd haya sido asesinado en su propia casa, con un arma de su propiedad, abre el abanico de sospechosos a todo aquel que tuvo alguna relación con él, incluyendo al servicio (criados, ama de llaves, secretario...) y a los familiares (un hijastro desaparecido, una cuñada y una sobrina que viven de su generosidad...) Eran muchos los que podían tener un motivo para asesinar al empresario, porque todos podían sacar un beneficio más o menos grande con su muerte, y también eran muchos los que tuvieron la oportunidad (por el hecho de encontrarse en el momento y lugar propicios), incluido un  extranjero que merodeaba por los alrededores de la casa en el momento del crimen.
En las obras de Agatha Christie, y la que hoy presentamos no es ninguna excepción, no se trata únicamente de adivinar quién es el culpable de la muerte de turno, que en algunos casos puede resultar fácil, a veces por descarte, sino también de encontrar el motivo y la ocasión. Hay que reconocer que estas obras ponen a trabajar nuestra "materia gris", como diría Poirot, y no es extraño que a medida que vamos avanzando en la lectura vayamos sospechando de todo y de todos, y esto se debe principalmente a que la autora sabe trazar una telaraña de engaños y secretos que afectan a todos los protagonistas, en menor o mayor medida, lo que hace que las sospechas hacia todos ellos aumenten desde el lado del lector. A ello contribuye el personaje de Poirot, que parece ir un poco por delante, alardeando de poner en funcionamiento sus "células grises".
"...Nada más que eso, monsieur. Cada uno de los aquí presentes me esconde algo -levantó una mano al alzarse un coro de débiles protestas-. Sí, sí; sé lo que digo. Puede ser algo sin importancia, trivial, que se supone no tiene que ver con el caso; pero ahí está. Cada uno de ustedes tiene algo que esconder. Confiésenlo, ¿no tengo razón?
Su mirada, cargada de acusación y de reto, dio la vuelta a la mesa, y todos bajaron los ojos ante los suyos..., incluso yo.
-Ya me han contestado -dijo Poirot con una risita extraña. Se levantó-. Les hago un llamamiento... ¡Díganme la verdad, toda la verdad! -hubo un silencio-. ¿Nadie quiere hablar?
Volvió a reir.
-C'est dommage! -dijo, y salió. (Págs. 137-138)
Seguramente será éste un título que muchos hayan leído, creo que incluso yo lo leí hace mucho tiempo, pero debo reconocer que lo he disfrutado, porque no recordaba casi nada de la historia, y aunque tenía la mosca detrás de la oreja, recordándome que la trama me sonaba, me ha sabido sorprender, de ahí que no me haya arrepentido en ningún momento de acercarme de nuevo a esta autora, a la que había dejado un poco de lado y cuya lectura retomé hace un par de años cuando por la blogosfera se celebró una especie de homenaje en el aniversario de su muerte.
He intentado seguir los pasos del detective a la hora de resolver la trama, el quién y el porqué del asesinato, y he ido descartando a sospechosos a medida que se han ido revelando más datos sobre ellos, pero el final me ha sorprendido, y eso es algo que se agradece, sobre todo si estamos ante una historia no demasiado extensa, que sabe mantener la intriga. Si algo me ha quedado claro ante la lectura de este libro es que voy a buscar tiempo para leer más obras de la autora (tengo la colección completa que salió publicada por Orbis hace ya mucho tiempo, y algún que otro título suelto publicado por la editorial Molino, El País, o algún que otro título publicado con motivo del 125 aniversario de su nacimiento, así que no tengo excusa); está claro que la memoria no me acompaña, y lo leído con catorce o quince años no siempre se mantiene en mi cabeza, así que es una manera de encontrar un motivo para retomar estas lecturas. Como solemos decir, nos falta vivir otra vida para leer y releer todo lo que quisiéramos, pero lo haremos en la medida de nuestras posibilidades.

Si alguien no se ha acercado a la figura de Agatha Christie y de su detective Hercule Poirot, algo que me parece casi imposible, sin duda se lo recomiendo, porque son lecturas entretenidas y que ponen en funcionamiento nuestra capacidad de deducción, y como no podía ser de otro modo, son historias que quedan totalmente cerradas en las que además del crimen e investigación de turno puedes encontrar celos, odios, engaños... toda una amalgama de problemas que amenizan la trama y hacen que disfrutemos con ella. El hecho de que muchas de estas historias se desarrollen en pequeños núcleos de población, lo que a priori podría reducir el número de sospechosos, no quita mérito a la intriga, puesto que la autora sabe jugar con el lector y a lo largo de la trama le planteará dudas y secretos guardados por los personajes, lo que en determinados momentos hará que se aparte del camino correcto para llegar a la verdad, y como ejemplo de todo esto, el libro que hoy aquí presentamos, que es recomendable 100% en mi humilde opinión.

Si alguien se anima a acercarse al personaje de Poirot, conviene leer los títulos en orden, al menos es lo que yo hubiera hecho si hubiera tenido más información. Son historias conclusivas, de eso no hay duda, pero particularmente me hubiera gustado saber el orden de publicación  y haber afrontado su lectura en orden cuando era más joven; a lo mejor si lo hubiera hecho así tendría más claro cuáles había leído y qué títulos me interesaba completar. Aquí os dejo la relación de las siete primeras obras en las que aparece Poirot:

1. El misterioso caso de Styles (1920)
2. Asesinato en el campo de golf (1923)
3. Poirot investiga (1924)
4. El asesinato de Roger Ackroyd (1926)
5. Los cuatro grandes (1927)
6. El misterio del tren azul (1928)
7. Peligro inminente (1932)
Y la lista sigue, y sigue...
Si os animáis, va a merecer la pena. Para los que ya la conocéis, merece la pena dedicar un poco de tiempo a acercarse a la obra de esta autora.
Es costumbre en este blog hacer una pequeña biografía del autor o autora cuya obra se reseña, pero a Agatha Christie ya le dediqué en su momento una entrada especial, así que si alguien se anima a saber más datos sobre su vida, no tiene más que pasarse por el enlace de la reseña correspondiente, una de las primeras publicadas en el blog: Agatha Christie. Recordando los "clásicos".

Con esta reseña participo en la tercera semana de la #YincanaCriminal2017, esta vez en plazo porque he modificado criterios (gracias, jefas), en la categoría de "La acción transcurre en un ambiente rural".

lunes, 6 de marzo de 2017

Ojos de agua. Domingo Villar.


Este año me he liado la manta a la cabeza y me ha dado por participar en una estupenda iniciativa, la #YincanaCriminal2017, de la que ya hablé en una entrada anterior. Con esta reseña queda inaugurada mi particular yincana, que me está sirviendo para leer títulos que habían quedado pendientes en mi estantería (o para releerlos, que tampoco es malo). Del mismo modo, esta iniciativa está haciendo que me acerque a alguna que otra novedad (aunque la suerte sólo me ha acompañado un par de veces en la lucha por conseguirlas a través de twitter, pero la iniciativa se agradece).

Sin más, vamos con la primera reseña, que espero no sea la última (en principio son quince los libros que deben reseñarse).

Título original: Ollos de agua
(Libro traducido al castellano por el propio autor).
Título: Ojos de agua
Autor: Domingo Villar
Editorial: Debolsillo

©2006, Domingo Villar
©2006, Ediciones Siruela, S.A.
©2007, Random House Mondadori, S.A.
Quinta edición: octubre, 2010

ISBN: 978-84-8346-495-3 (vol. 705/1)
192 páginas.

El primer caso del inspector Leo Caldas.



Sinopsis: En una casa cercana a la playa, en la costa gallega, se descubre el cadáver de un joven saxofonista que sufrió una de las torturas más crueles que se recuerden. Le asignan el caso al inspector Leo Caldas, un hombre solitario y nocturno, de buen paladar para los vinos y mejor oído para el jazz, y  a su ayudante Rafael Estévez, un llano aragonés perdido entre gallegos. Este singular tándem deberá investigar las altas esferas y los bajos fondos de Vigo para descubrir que las dobles vidas, como las mejores intrigas, siempre esconden inesperadas dobleces.


Datos sobre el autor
Domingo Villar (Vigo, 1971), es un escritor español de novela negra, afincado en Madrid. Por la novela que hoy reseñamos obtuvo el I Premio Sintagma, el Premio Brigada 21 y el Premio Frei Martín Sarmiento, y fue finalista en dos categorías de los Crime Thriller Awards en Reino Unido.
Su segunda novela, "La playa de los ahogados", también protagonizada por Leo Caldas, ha sido llevada a la gran pantalla recientemente.

Más información sobre el autor en el catálogo de la editorial Siruela.




Impresiones sobre el libro


La aparición del cadáver de un atractivo saxofonista en su piso de un edificio en la isla de Toralla (Vigo), será el punto de partida para que el inspector Leo Caldas, de la comisaría de Vigo, se ponga al frente de una investigación que servirá al lector como excusa para conocer lugares y ambientes con encanto de la ciudad viguesa, paseando por sus calles, acompañando al inspector y a su ayudante, Rafael Estévez, en sus pesquisas.
Luis Reigosa, que así se llamaba el muerto, joven saxofonista que dedicaba su tiempo a tocar con un grupo de jazz en un club y a dar clases en el conservatorio, sin enemigos conocidos, es víctima de una muerte cruel y dolorosa en la que juega un papel importante el formaldehído. El uso de esta sustancia lleva al inspector  a investigar en los laboratorios y hospitales de la zona que manejan este producto, por otro lado al alcance de cualquier trabajador, ya que no se lleva un control estricto de su utilización en los lugares donde se emplea.
La investigación de la muerte de Luis Reigosa lleva a Leo Caldas a contactar con dos mundos bien diferenciados: el de los grandes empresarios que parecen llevar una vida intachable dentro y fuera de sus negocios, y la de los bajos fondos, que parecía frecuentar la víctima debido a su trabajo y a su condición sexual. El atractivo del músico y sus posibles conquistas era algo a tener en cuenta a la hora de afrontar la investigación, e incluso da pie a titular el libro:
"--Nunca había visto unos ojos así -dijo el inspector señalando la cara de Reigosa-. ¿No te parecen irreales?
--Sí -aseguró el doctor Barrio-, tanto que en un primer momento creí que eran lentes de contacto, pero son naturales. Tenía los ojos de ese color, como si fueran de agua." (pág. 31)
Estamos ante un libro no demasiado extenso, cuya historia se disfruta. El autor ha tenido el acierto de encabezar cada uno de los veintinueve "capítulos"  que conforman la trama con una palabra de la que se ofrecen sus múltiples acepciones y que tiene un papel importante dentro del propio desarrollo del capítulo.
Me ha gustado el estilo del autor, directo y claro, presentando una historia de intriga que vamos resolviendo a medida que avanza la investigación, sin que los que la llevan a cabo conozcan más sobre el caso que el propio lector. A lo largo de la trama se van dejando pistas que ayudan a la resolución, y a ello contribuye el propio carácter del inspector, colaborador habitual de un programa radiofónico semanal, "Patrulla en las ondas", cuya popularidad facilitará en algunos casos el avance de la investigación.
He disfrutado mucho con la elección de los personajes principales. Es cierto que el inspector Leo Caldas se nos presenta como una persona algo solitaria, que disfruta con el buen vino y la buena comida, con la música y con los ambientes nocturnos, que cuenta con amigos que se acuerdan de él si de disfrutar de un buen manjar se trata. Aunque se dan pocas pinceladas de su vida, llegamos a conocer algunos aspectos, como la pérdida de su madre cuando era niño y la relación con su padre, que ahora estaba más centrado en producir su propio vino, aunque no por ello Leo dejaba de lado sus buenos consejos o sus pensamientos:
"...Caldas recordaba las palabras de su padre cuando insistía en que a un hombre se le podía conocer por lo que bebe y por lo que lee." (pág. 32)
Sabemos que Leo está pasando por un mal momento sentimental, puesto que en una relación de pareja no siempre los dos componentes reman hacia el mismo lado, pero a pesar de todo las dificultades personales por las que atraviesa el inspector en su vida privada no impiden que avance en sus pesquisas y dejan al lector con ganas de seguir indagando qué pasará con la solitaria vida de Caldas en un futuro. A mí particularmente me han quedado ganas de continuar la historia, y la continuación, "La playa de los ahogados", ya espera turno en mi abarrotada estantería.
Como contrapunto a la figura del inspector, solitario pero centrado, su ayudante, Rafael Estévez, de origen zaragozano, y que todavía no ha conseguido adaptarse ni al clima, ni a las cuestas ni a la gente de Galicia, da el toque de "humor" o de rudeza, consiguiendo sacar alguna que otra sonrisa al lector:

      "--Menudo invento el de poner las mesas debajo de las plantas. ¿Esas bolitas qué son?
       --¿Esas de ahí arriba?
      --¿Ya empezamos, inspector? Si estamos mirando hacia arriba y yo le pregunto por las bolitas, me estaré refiriendo a las bolitas que vemos ahí, no a las mías...
       --Son uvas blancas.
       --¿Cómo sabe que son blancas? Yo las veo verde oscuro.
    --Porque los racimos aún tienen mucha clorofila. Al principio todos son verdes. Luego, en el envero, las uvas que van a ser blancas se van volviendo amarillas y las tintas más rojizas.
      --¿Entonces cómo puede saber ahora que son blancas?
   --Porque sí. Primero porque aquí casi todo el vino es blanco. Y segundo por la planta: es treixadura. ¿Ves las hojas?
      Estévez miró hacia arriba.
     --¿Es una pregunta retórica de las suyas o piensa que la sobredosis de sardinas me está dejando ciego?
     --Es igual, te digo que son blancas, si quieres me crees y si no puedes volver en la época de la vendimia para ver de qué color son." (págs. 73 y 74)

Aunque estamos ante una novela de intriga, en algunos momentos parece que la historia puede encuadrarse dentro de otros géneros, gracias a la acertada prosa del autor, que nos lleva por lugares con encanto de Vigo sin que parezca que estemos asistiendo a la lectura de una guía de viajes. El libro nos sirve para conocer algunas costumbres de los habitantes de Vigo, que saben disfrutar del buen vino y de la buena comida en el momento preciso en que se dan las condiciones para su disfrute, bien sea porque es época de recolección o pesca, con tal sentimiento que al lector le quedan ganas de disfrutar de esos mismos placeres, o al menos puede llegar a creer que lo está consiguiendo. Se destacan lugares emblemáticos, como un pequeño cementerio con encanto, y no se pierde la oportunidad de recordar el drama de la mar, que no siempre devuelve los cuerpos de los que allí perecen.

Del mismo modo, podemos pensar que estamos ante un libro de metaliteratura, puesto que el autor aprovecha la trama para citar el nombre de algunos autores de novela policíaca (Montalbán, Ellroy, Chandler, Hammett, Camilleri), acordándose también de "Misery", de Stephen King, así como de un libro de Hegel que tendrá relevancia en la historia.

Hay que agradecer al autor que haya sabido aprovechar tan bien el espacio que ocupan las páginas del libro presentándonos una novela ágil, de interesante trama, con personajes muy bien construidos, tanto los principales como los secundarios, que mantiene el suspense hasta el final y que trata varios temas que hacen que no decaiga el interés del lector. La elección de dos personajes principales tan opuestos (cordura contra rudeza) y unas pocas pinceladas de la vida personal de ellos mismos incitan a seguir leyendo, y la mezcla de drama y humor (aunque en ocasiones fruto de la rudeza del propio Estévez) y unos diálogos ágiles y directos han sido en mi modesta opinión todo un acierto que hacen que se devoren las páginas para seguir leyendo las aventuras de este inspector. Lectura 100% recomendable.

Espero no tardar mucho en retomar al personaje, no sé si será dentro de esta #yincana, pero sí espero que sea dentro de este 2017.

Esta reseña participa en la #YincanaCriminal2017 en la categoría de "La acción transcurre en España".